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El Niño y la próxima temporada frutícola

Escenarios, desafíos y cómo nos estamos preparando

Con el fenómeno de El Niño intensificándose y precipitaciones proyectadas sobre lo normal para gran parte de la zona centro y centro-sur, la próxima temporada podría presentar cosechas más escalonadas, cambios en la condición de algunas frutas y mayor variabilidad en la disponibilidad para congelados y exportación.

El Niño ya está activo y continúa fortaleciéndose. Este fenómeno corresponde a la fase cálida de un ciclo natural del océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial, capaz de modificar los patrones de temperatura y precipitaciones en distintas regiones. La última actualización de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), publicada el 10 de septiembre, mantiene una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno 2026-2027 del hemisferio norte.

Además, para el trimestre octubre-diciembre de 2026, el organismo estima un 75% de probabilidad de un evento que supere la intensidad de los episodios anteriores de El Niño registrados desde 1950, considerando un valor trimestral del Relative Oceanic Niño Index (RONI) igual o superior a +2,5 °C. NOAA señala que un evento de esta magnitud aumenta la probabilidad de impactos asociados a El Niño, aunque estos no están garantizados.

Para la industria frutícola chilena, la principal variable no es únicamente cuánto podría llover, sino cuándo, dónde y en qué etapa del cultivo ocurren esas precipitaciones. El pronóstico estacional más reciente de la Dirección Meteorológica de Chile, para septiembre-octubre-noviembre, proyecta precipitaciones sobre lo normal desde la Región de Coquimbo hasta Los Ríos. En materia de temperaturas, anticipa máximas bajo lo normal en gran parte de la zona centro y sur del país.

Estas condiciones pueden incidir de distintas maneras en la próxima temporada. Una primavera con bajas temperaturas en determinadas zonas puede generar brotaciones, floraciones y cuajas menos uniformes, haciendo que la fruta madure en momentos diferentes y extendiendo los periodos de cosecha. Si las lluvias coinciden con etapas avanzadas de madurez, también pueden afectar la calidad y el ritmo de recolección de determinadas categorías.

Qué podría cambiar en la disponibilidad de fruta

Frambuesas y moras se encuentran entre las frutas más sensibles cuando las precipitaciones coinciden con etapas avanzadas de madurez, debido a que requieren una rápida cosecha y procesamiento para conservar su condición. Para la frutilla, una lluvia puede afectar principalmente la fruta sobremadura, mientras que el cultivo puede recuperar posteriormente fruta firme en los ciclos siguientes.

El arándano presenta un escenario diferente. Las precipitaciones durante la cosecha pueden afectar la aptitud de parte de la fruta fresca para viajes prolongados, modificando potencialmente el equilibrio entre los destinos de mercado fresco y congelado.

Para nuestros clientes, estas situaciones podrían traducirse en una disponibilidad más escalonada durante la temporada y variaciones entre categorías, zonas productivas y destinos de la fruta. Por eso, además de monitorear los volúmenes, estamos poniendo atención a las ventanas de cosecha, la condición de la fruta y la capacidad de reaccionar rápidamente cuando cambian las circunstancias en terreno.

El escenario hídrico, al mismo tiempo, muestra señales favorables en términos de almacenamiento de agua. Al 7 de septiembre, los 25 embalses monitoreados por la Dirección General de Aguas acumulaban 6.956 millones de m³, un 22,57% más que en septiembre de 2025. En la Región del Maule, los cinco embalses monitoreados alcanzaban en conjunto un 77% de su capacidad, mientras que Coihueco, en Ñuble, se encontraba también al 77%. En materia de precipitaciones, el escenario es más heterogéneo: en la macrozona centro, 13 de las 29 estaciones consideradas presentan superávit respecto del promedio histórico, mientras que en la macrozona sur 10 de las 22 estaciones representativas registran superávit.

Estas cifras mejoran el punto de partida de la temporada en términos de disponibilidad hídrica, aunque no permiten asegurar hoy cuánta agua estará disponible para riego durante todo el verano. Su evolución dependerá de las precipitaciones, la acumulación nival, los deshielos y las condiciones de cada cuenca.

Cómo nos estamos preparando

Frente a este escenario, en Nutrisco estamos trabajando para contar con mayor flexibilidad tanto en el abastecimiento como en el procesamiento de fruta.

Uno de nuestros focos está en fortalecer los programas fitosanitarios junto a los agricultores, definiendo estrategias preventivas y de respuesta frente a eventuales precipitaciones. Esto incluye preparar las aplicaciones necesarias después de una lluvia para reducir el riesgo de hongos y, cuando los pronósticos lo permitan, adelantar la recolección de fruta madura o sobremadura antes de la llegada de un sistema frontal.

Asimismo estamos revisando nuestros equipos, túneles y procesos de congelación para responder ante la llegada de mayores volúmenes en periodos acotados. Para productos como el arándano, estamos evaluando alternativas de almacenamiento temporal que nos permitan administrar mejor la recepción y priorizar el procesamiento de frutas más sensibles, como frambuesas y moras.

“Estamos monitoreando las temperaturas, la acumulación de frío en el invierno y cómo evoluciona la primavera. Si se mantienen condiciones muy frías, podríamos tener floraciones disparejas y, con ello, cosechas más extensas y escalonadas. También debemos estar atentos a posibles lluvias durante la recolección”

explicó Manuel José Valdés Díez, gerente de Productores de Agrifood.

A esto sumamos una red de abastecimiento distribuida en distintas zonas del centro y sur de Chile. En Nutrisco trabajamos con agricultores ubicados en territorios con realidades climáticas diferentes, una diversificación que nos permite reducir la exposición a eventos localizados y contar con distintas alternativas de origen a medida que avanza la temporada.

Este trabajo se complementa con un equipo agrícola reforzado y acompañamiento técnico durante la pretemporada y la cosecha, para evaluar junto a nuestros agricultores cómo responder a las condiciones que efectivamente se vayan presentando en terreno.

En una temporada marcada por mayor variabilidad, nuestro objetivo no es anticipar con exactitud cómo se comportará el clima, sino contar con distintas alternativas para adaptarnos a su evolución, proteger la calidad de la fruta y mantener la mayor continuidad y flexibilidad posible para nuestros clientes y mercados.

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